Publicaciones de Estudiantes


Autor: Justo Javier Ezquer Espin
Titulo: Ciencia y Arte Sumerios

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Programa: Doctorado en Historia de Antiguas Civilizaciones

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INTRODUCCIÓN
A la raza humana nos encantan los mitos, ya que desde el principio de los tiempos los
hemos creado, llenando con ellos el mundo de una fantasia poética, y porque negarlo del
encanto que una vision racional de las cosas no nos podría dar del todo jamás.¿ Quien no
ha soñado a veces en alguna de las infinitas leyendas e historias fantasticas que llenan el
saber popular ? Los mitos nacen facilmente, crecen rapido y tiene la curiosa capacidad de
negarse a morir aunque la ciencia destruya los pilares que lo sostienen, pues al igual que las
religiónes están basados en la gran necesidad que tenemos los humanos por tener fé. Como
ejemplo no es de extrañar que astros tan prominente como la luna y el sol pudiesen
dejar de tener su racion de leyendas y sobre todo gente dispuesta a creerlas, Dicen que la
luna regula el ciclo menstrual de las mujeres, que la luna llena aumenta los partos y
provoca mayor nivel de delitos, y suicidios, de ahi la expresion lunaticos.


"Una de las expresiones mas tipicas entre lo que creen mitos lunares, dice
que si la influencia de la Luna provoca mareas en los oceanos, como no va
a afectarnos a nosotros, que estamos hechos la mayor parte de agua ? La
respuesta es por la misma razon que no se forma una marea en un vaso de
agua. El resultado del tiron gravitatorio lunar es directamente proporcional a
la masa afectada, cuanto mayor es esta, mas acusado se hace su efecto, razon
por la cual la luna provoca grandes movimientos de agua en los oceanos,
pero son muchisimo mas debiles en mares pequeños como el Mediterraneo,
y con un efecto casi nulo en lagos e impide de paso que en la tina, se formen
mareas, cosa que aunque curiosa seria tambien bastante problematica. En
realidad el tiron gravitatorio lunar sobre nosotros es el equivalente al peso de
un mosquito, es decir, este efecto no nos afecta en lo absoluto."


La más simple de las definiciones que se pueden dar a los mitos es la de fábula o ficción
alegórica. Especialmente en materia religiosa, siempre estamos llenos de mitos y leyendas,
que necesitan de fe para ser creídos pues suelen sonar irreales, esta explicación se limita a
hacer una traducción literal de que no aclara las razones fundamentales de su ser en otros
ámbitos más reales. Una idea que comparten todos los autores que escriben sobre el mito,
es que en su finalidad tratan de dar explicación al origen de la vida y a las demás
cuestiones filosóficas tradicionales como ¿a dónde vamos? ó ¿quiénes somos? Por lo tanto,
se puede decir que los mitos otorgaron favores al ser humano, como es la explicación o
justificación del mundo, pues la figura divina surge en la mente humana para explicar lo
racionalmente inexplicable, ante la necesidad de entender o al menos justificar los
fenómenos que rodean al hombre, e incluso la presencia de éste sobre la tierra y la
existencia misma de ésta. Así el concepto de Dios ha evolucionado a la par que el hombre,
1.- Física para ciencias e ingenierías, Raymond A. Serway, McGraw Hill, 1982, Pág.94.

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En las leyendas sumerias son las más antiguas acerca de Dioses, estos tienen
características muy humanas. En un principio los Dioses vivían entre los hombres y se
relacionaban con ellos, incluso había comercio carnal entre unos y otros. En cambio, los
judíos plantearon la existencia de un solo Dios, omnipotente, omnipresente eterno, etéreo
y perfecto. En este concepto Dios no tiene características humanas, según el Génesis Dios
crea todo sin requerir la existencia previa de nada, el único acto en el cual echa mano de
una materia prima previamente creada por él, es la creación del hombre al que hace de
barro. Si entendemos que Dios es el único recurso para justificar lo inexplicable, podemos
establecer que el nacimiento de los Dioses era inevitable, pues los Dioses son a través de
la historia el elemento rector de la vida social humana, con su existencia dan sustento al
principio de autoridad, a los conceptos de bien y de mal, y a la búsqueda del bien conforme
a cada religión, es decir los Dioses fundamentan la moralidad necesaria para la
convivencia. En la tradición judeocristiana Dios dicta las leyes y las da a los hombres para
que vivan y alcancen la perfección en su cumplimiento, en otros casos los Dioses son el
motor que mueve a los pueblos, Mahoma y la guerra santa que dio lugar a un gran
imperio, en un principio sólo buscaba servir a Dios, pero innegablemente tuvo resultados
mucho más amplios y profundos en la historia. Posteriormente el concepto de Dios, aporta
a la humanidad un servicio quizá más grande que los anteriores. Cuando el hombre toma
conciencia de su finitud, se apodera de él la desolación, porque a la pregunta ¿de dónde
vengo? Sigue irremediablemente a la de ¿a dónde voy? La nada es aterradora, el hombre
teme a la oscuridad y Dios da la esperanza de trascender la finitud, esperanza que se
transforma en el sostén más importante de Dios, es por este servicio que Dios no ha
muerto, pues nadie sabe con certeza que pasará después de la muerte. Sin embargo, si
buscasemos algo, una sola cosa, que nos permitiera diferenciar a los mitos de las
realidades y sobretodo a los humanos del resto de las especies, es que dejamos registros
para dar a conocer a las nuevas generaciónes el pasado, que en la mayoria de las veces era
incomprendido y terguiversado, pues sin el conocimineto previo necesario, las ideas y
objetos pierden su uso práctico, cambiándolo por uno mítico. Los Dioses de la brumosa
prehistoria han dejado innumerables huellas que no pudimos leer ni descifrar hasta ahora,
porque el conocimiento y sus avances, hoy tan vinculados con nosotros, fueron
inexistentes, imposibles e inimaginables para la humanidad durante muchos milenios. En
la más remota antigüedad, nuestros antepasados recibieron visitas de sus Dioses,
asumiéndolo como un hecho, las líneas de Nazca, las pinturas de Tassili, los Moais de
Pascua, la loza sepulcral de Palenque y la estatuilla Dogu del Japón nos revelarían
aspectos de esos antiguos emisarios, de igual forma los carros de fuego bíblicos, las
vimanas de los textos sagrados hindúes, la máquina de Antiquitera y las pilas de Bagdad no
podían ser otra cosa sino artilugios fabricados por esos Dioses. Las pirámides de Egipto,
los megalitos de Stonehenge, la calavera de cristal maya, las piedras de Ica, etc. Serían
vestigios que esconden los profundos conocimientos que fueron entregaron a nuestros
ancestros. Así surgen las historias sobre la llegada de Dioses que nos infundieron su saber
en la noche de los tiempos, esto se sustenta sobre pruebas de lo antes mencionado.


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Definitivamente nuestros antepasados históricos, no eran tontos, quizá no tuvieran una
sofisticada tecnología, pero eran tan hábiles e inteligentes como nosotros y en determinados
casos concretos combinaron tales dosis de dedicación, inteligencia y duro trabajo que
consiguieron resultados que nos impresionan incluso a nosotros. Existen miles de
testimonios dejados por las culturas del pasado, como los sumerios, que nos arrojan
crónicas sobre extraños Dioses y signos en los cielos anómalos. Y que nos cuentan como
en aquellas épocas remotas presuntos Dioses del cielo, nos legaron sus conocimientos
astronómicos y matemáticos, nos enseñaron las artes, las ciencias e incluso nos ayudaron a
construir monumentos, que tenían una utilidad práctica para los Dioses y que debían ser
preservados para que como cuentan las tradiciones sumerias, algún día la humanidad al
llegar a un grado de avance determinado, pudiera ser juzgado y convivir de nuevo con
estos Dioses como antaño.


















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DESCRIPCIÓN
La Historia de la ciencia, es el campo de la historia que estudia el desarrollo temporal de los
conocimientos científicos y tecnológicos de las sociedades humanas. Este campo de la
historia también estudia el impacto que la ciencia y la tecnología han tenido históricamente
en la cultura, la economía y la política, ya que la ciencia es un cuerpo de conocimiento
empírico y teórico, producido por una comunidad global de investigadores que hacen uso
de técnicas específicas para observar y explicar los fenómenos de la naturaleza, bajo el
nombre de método científico. La historia de la ciencia recurre al método histórico tanto de
la historia intelectual como de la historia social, la mayor parte del estudio de la historia de
la ciencia ha sido dedicado a responder preguntas sobre lo que es la ciencia, como funciona,
y si esto expone el modelo a gran escala y con tendencias. En la sociología de la ciencia, en
particular, se han enfocado los caminos en los que los científicos trabajan, mirando
estrechamente los caminos que producen y construyen el conocimiento científico. Desde
los años sesenta, una tendencia común en los estudios de la ciencia (el estudio de la
sociología y la historia de la ciencia) han querido acentuar el componente humano dentro
del conocimiento científico, y la opinión sobre los datos científicos arrojados son
evidentes, en valor y contexto. Una de las causas principales de preocupación y
controversia en la filosofía de la ciencia ha sido la de preguntarse sobre la naturaleza del
cambio de teoría en la ciencia. Tres filósofos en particular, son los que representan los
pilares principales de este debate; Popper, quien argumentó que el conocimiento científico
es progresivo y acumulativo, Kuhn, quien argumentó que el conocimiento científico se
mueve gracias a la revolución científica y no es necesariamente progresiva y Feyerabend,
quien argumentó que el conocimiento científico no es acumulativo o progresivo, y que no
puede haber problemas de marcación en términos de método entre la ciencia y cualquier
otra forma de investigación. Esto generó un gran debate en la comunidad académica sobre
el significado y la objetividad de la ciencia. A menudo, pero no siempre, un conflicto sobre
la verdad de la ciencia ha hecho mella en la comunidad científica y en las ciencias sociales
o humanidades, este se acentúa aún más entre ciencia y religión, llevándonos a caminos
escabrosos por los que es difícil salir bien librados. En tiempos prehistóricos, los consejos
y los conocimientos fueron transmitidos de generación en generación por medio de la
tradición oral, el desarrollo de la escritura permitió que los conocimientos pudieran ser
guardados y comunicados a través de generaciones venideras con mucha mayor fidelidad.
Con el cambio en el Neolítico y su desarrollo de la agricultura, que propició un exceso de
alimentos, que hizo factible la posibilidad del desarrollo para civilizaciones tempranas,
porque podía ser dedicado más tiempo a otras tareas que a la supervivencia. A partir de sus
principios en Sumer (actualmente parte de Irak) alrededor del 3500 A.C. Los pueblos del
norte comenzaron a intentar registrar la observación del mundo con datos cuantitativos y
numéricos sumamente cuidados, pero sus observaciones y medidas aparentemente fueron
tomadas con otros propósitos más que la ley científica. Un caso concreto es el teorema de
Pitágoras, que fue registrado, aparentemente en el siglo XVIII A.C. La tabla mesopotámica
Plimton 322, registra un número de trillizos Pitagóricos (3,4,5) (5, 12,13), datado en el
1900 A.C. Posiblemente milenios antes de que Pitágoras, pero que no solo era una

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Formulación abstracta del teorema de Pitágoras, sino una serie trigonométrica, lo que
implica avances matemáticos en calculo diferencial, que no fueron descubiertos
oficialmente sino hace casi trescientos años de la fecha en que vivimos. De igual manera
sólo hace unos cientos de años que la ciencia descubrió la existencia de la lengua
sumeria, y fue simplemente por casualidad, a través de las excavaciones arqueológicas en
Mesopotamia, donde se descubrieron tablillas escritas en la escritura cuneiforme, en ellas
aparecían documentos redactados en varias lenguas. Con bastante trabajo, los eruditos
lograron identificar una de las lenguas, el acadio, relacionada lejanamente con el árabe y
el hebreo, sin embargo, se encontraron con gran cantidad de documentos escritos en otra
lengua, aquella lengua era muy distinta a las lenguas semíticas con las que se habían
encontrado. Un investigador Francés decidió darle el nombre de sumerio, según el título
que algunos monarcas llevaron, como Rey de Sumer y Akkad, si una lengua era el acadio,
la otra debería ser el sumerio. Este fue utilizado de la misma forma que el latín en la edad
media y moderna, pues era la lengua de la literatura y de la religión, y como el latín, fue
utilizada, incluso después de su desaparición como lengua hablada. Gracias a ello
poseemos gran cantidad de textos gramaticales y léxicos preparados para la enseñanza del
sumerio en las escuelas para escribas de Babilonia y Asiría. Es por ello que en la
actualidad poseemos un conocimiento bastante profundo de la lengua sumeria, que a
simple vista es una lengua complicada y oscura aunque una vez aprendida es muy rápida
para dar a entender las ideas. Su filiación es desconocida, tiene muchos rasgos similares al
turco y una lógica como la del idioma Kanji japonés, por lo que hay investigadores que la
relacionan en algún estadio de desarrollo muy primitivo de amabas lenguas. Los avances
significativos en sumeria, son referentes a la astronomía, a las matemáticas y a la
medicina. Su geometría era una consecuencia necesaria de la topografía, con el fin de
intentar conservar la disposición y la propiedad de las tierras de labranza, que fueron
inundadas. La regla del triángulo rectángulo y otras reglas básicas sirvieron para
representar estructuras rectilíneas, el pilar principal de la arquitectura, eran también el
centro de la química y la investigación para la mayor parte del mediterráneo. Debido a las
características ahora desérticas de la zona, quedan pocas muestras, pero sin embargo el
arte es muy parecido al arte del período magdaleniense de la prehistoria, la técnica era la
misma que en el relieve pariental, sin perspectiva, al igual que los mosaicos, estos más
perdurables y característicos, que tenían un fin más decorativo que las otras facetas del
arte. En la pintura y grabados, la jerarquía se mostraba de acuerdo al tamaño de las
personas representadas en la obra, los de más alto rango se mostraban más grandes a
comparación con el resto, la pintura fue estrictamente decorativa y se utilizó para
embellecer la arquitectura. Carece de perspectiva, y es cromáticamente pobre, sólo
prevalecen el blanco, el azul, el rojo y el uso de la técnica del temple. Se puede apreciar
en mosaicos decorativos o azulejos. Los temas eran escenas de guerras y de sacrificios
rituales con mucho realismo, se representan figuras geométricas, personas, animales y
monstruos, se emplea en la decoración doméstica y no se representaban las sombras.



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A diferencia de nuestra época, en donde casi todos los grandes descubrimientos y las
revoluciones científicas proceden de los herejes, que van en contra de los paradigmas
establecidos, los avances tecnológicos sumerios giraban alrededor de su religión, esto
indudablemente por su gran dependencia de espíritu. La creación del hombre según los
mitos sumerios es muy parecida a la Biblia, Enki tomo arcilla y le dio forma, ayudado por
Nammu, aunque las primeras formas no fueron satisfactorias, al final crearon a Adapa, que
era para ellos un Lulu o ser para el trabajo pesado. Los sumerios veían a estos seres como
Dioses, ya que eran inteligentes, poseían muchas tecnologías y conocimientos, a los que
aún no hemos llegado, además tenían una longevidad extraordinaria, aunque finalmente
eran mortales. Estos Dioses fueron llamados por los sumerios Anunnaki, el término que
menciona la Biblia es Nephilim, recordando que la Biblia es influenciada de las tradiciones
sumerias, aunque algunas traducciones erróneas del término los denominan gigantes. Según
los sumerios sus Dioses bajaron a la tierra desde el cielo o mejor dicho desde Nibiru,
mucho antes de la llegada de la humanidad. Para los sumerios, al igual que para otros
muchos pueblos de la antigüedad, sus Dioses fueron seres vivos y no imágenes abstractas o
artísticas guardadas en templos que exigían dogmas de fe para comprenderlos. Dichos
Dioses habitaron entre ellos y de ellos aprendieron las actividades, normas de convivencia
y todo avance tecnológico y social. Ellos vinieron como colonos y explotadores, Hicieron
de la tierra su hogar y empezaron a construir ciudades, que asociaron a funciones
determinadas y que fueron gobernadas por los escogidos de los Anunnakis. El Antiguo
Testamento llamaba a los ángeles del Señor malachim, que significa literalmente,
emisarios. Estos emisarios llevaban los mensajes divinos y hacían cumplir los mandatos
de Dios. Tal como se nos revela en multitud de casos, estas divinidades podían volar, pero
no en la forma representada por la cultura popular, pues la falsa y romántica idea de los
regordetes ángeles asexuados, con caireles rubios, bata blanca o pañales y alas de ave, es
la representación que el pintor Rafaello dio de ellos. La Biblia, el Torá, o cualquier otro
libo sagrado jamás los mencionó así.
"El retablo Baronci es conocido en italiano como Pala di San Nicola da Tolentino
(Retablo de san Nicolás de Tolentino). El 10 de Diciembre del 1500, Rafael y
Evangelista da Pian di Meleto, un pìntor mayor del taller del padre de Rafael,
recibieron el encargo de pintar juntos un gran retablo dedicado a Nicolás de
Tolentino, para la capilla Baronci en la iglesia de San Agustín en Città di Castello,
cerca de Urbino. En los documentos Rafael, a diferencia de su colaborador, es
mencionado como magister ("maestro"). La obra se finalizó el 3 de Septiembre de
1501.Durante un fuerte terremoto en 1789, la obra resultó tan dañada que
decidieron serrarla en pedazos y mostrar sólo las partes no afectadas. Ese mismo
año, el papa Pio VIadquirió los fragmentos para las Colecciones Vaticanas, donde
permanecieron hasta1849. No está claro lo que ocurrió con ellos después. Sólo
muchos años más tarde los estudiosos pudieron localizar seis piezas diferentes,
cuatro fragmentos de la pintura principal y dos predelas, que han entrado a formar
parte de diferentes colecciones. Se trataba de un retablo, pintado al óleo sobre
madera. Una imagen de la obra al completo se encuentra en una copia del siglo

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XVIII en la Pinacoteca civica en Città di Castello. Esbozos preliminares de Rafael
se pueden encontrar en el Museo Wicar, Lilley el Museo Ashmolean, Sobre la base
de estos dibujos se ha asumido que el diseño del altar es enteramente obra de
Rafael, mientras que en la ejecución fue ayudado por Evangelista da Pian di Meleto.
Lo más probable es que Rafael pintara el retablo y Pian di Mileto las predelas. En el
centro del retablo aparecía Nicolás de Tolentino, en pié, bajo una arquería, con el
diablo a sus pies. Junto a él había tres ángeles. Por encima, Dios padre, con una
corona en la mano, y rodeado de cabezas de ángeles. A su izquierda, estaban
pintados la virgen María y Agustín de Hipona."
En otro ejemplo el patriarca Jacob vio a los ángeles del señor subiendo por una escalera
celeste, a Agar quien era la concubina de Abraham, le hablaron desde el aire, y fueron ellos
los que llevaron a cabo la destrucción aérea de Sodoma y Gomorra. El relato bíblico de los
sucesos que precedieron a la destrucción de las dos ciudades pecadoras ilustra el hecho de
que estos emisarios eran, por una parte, antropomórficos en todos los aspectos y por otra,
podían ser identificados como ángeles tan pronto se les observaba, sabemos también que su
aparición era repentina.
"Abraham levantó los ojos y, he aquí, que había tres individuos parados a su vera.
Haciendo reverencias y diciéndoles Mis Señores, les imploró, no paséis de largo
cerca de vuestro servidor, y los persuadió para que se lavaran los pies, descansaran
y comieran. Después de hacer lo que les pedía Abraham, dos de los ángeles, el
tercer ángel resultó ser el mismo Señor, siguieron hasta Sodoma. Lot, el sobrino de
Abraham, estaba sentado a la puerta de Sodoma, al verlos, Lot se levantó a su
encuentro y postrándose rostro en tierra, dijo, Ea, señores, por favor, desviaos hacia
la casa de este servidor vuestro, hacéis noche, os laváis los pies y de madrugada
seguís vuestro camino. Después, él les preparó una comida, y comieron. Cuando la
noticia de la llegada de los dos se difundió por la ciudad, los sodomitas rodearon la
casa, desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción, llamaron a voces a
Lot y le dijeron ¿dónde están los hombres que han venido donde ti esta noche?

Estos ángeles comían, bebían, dormían y se lavaban sus cansados pies, y no obstante, se
les reconocía al instante como ángeles del Señor, la única explicación posible es que, lo
que vestían no era algo que todos los habitantes de la época vestían, de igual forma
lo que portaban, les hacían reconocibles de inmediato.

2.- WWW.es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngel_Rafael

3.-Sagrada Biblia, Ediciones Paulinas, Hechos 27:2, 24.


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Incluso es muy probable que llevaran armas pues cuenta la Biblia que los dos ángeles de
Sodoma, a punto de ser linchados por la turba, que estaban a la entrada de la casa, les
dejaron deslumbrados y les cegaron. Otro ángel, que en esta ocasión se le apareció a
Gedeón, al haber sido elegido Juez en Israel, le dio una señal divina al tocar una roca con
su bastón y hacer salir fuego de ella. Finalmente toda la información que podamos
obtener acerca de los ángeles, tanto buenos como malos, proviene de la Biblia, sabemos
que ellos no tienen problemas para materializarse dentro de nuestra dimensión física, pues
comen como seres humanos, hablan, tocan y pueden ser vistos (Gen. 18:1-8; 19:3 Heb.
13:2). Tienen un poder tecnológico excepcional y capacidad de matar pues se menciona
que un solo ángel fue el responsable por la matanza de los primogénitos en Egipto (Ex.
12; I Cor. 10:10; Heb. 11:28), otro ángel mató 185,000 asirios (2 Reyes 19:35; Isa. 37:36).
Los ángeles no son asexuados, casi siempre se presentan como varones, una objeción a la
intervención sexual de los ángeles es la mencionada cuando estos toman a las hijas de los
hombre. (Luc. 20:35-36). Una noche en la que el Patriarca Jacob estaba en un campo de
las cercanías de Jarán, éste vio "una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los
cielos, en la que los ángeles del Señor estaban muy ocupados subiendo y bajando". El
mismo Señor estaba de pie en la cima de la escalera. Y el pasmado Jacob, asustado, dijo:

"Así pues, un Dios está presente en este lugar, y yo no lo sabía... ¡Qué temible es
este lugar! Ciertamente, esto no es otra cosa sino la Morada del Señor y ésta es la
Puerta del Cielo."

En este relato hay dos puntos interesantes, el primero consiste en que los seres divinos que
suben y bajan por esta puerta del cielo, lo hacían utilizando un dispositivo mecánico,
descrito como una escalera. El segundo es que la visión toma a Jacob totalmente por
sorpresa, la morada del Señor, la escalera y los ángeles del Señor que la utilizan no
estaban allí cuando Jacob se echó a dormir en el campo, tuvo la temible visión de repente
y desapareció por la mañana, la escalera y sus ocupantes se habían ido. El Antiguo
Testamento nos informa también que el profeta Elias no murió en la Tierra, sino que fue
llevado por el señor Dios al cielo, por medio de un Torbellino. Éste no fue un suceso
repentino e inesperado, ya que cuenta la Biblia que la ascensión de Elias a los cielos
estaba prevista en fecha y lugar, pues se le había avisado a Elías que






4.-Sagrada Biblia, Ediciones Paulinas, Génesis 28:11-16




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El fuera a Bethel ó la casa del señor un día determinado, rápidamente se habían
difundido rumores entre sus discípulos al respecto de que estaba a punto de ser llevado a
los cielos y cuando le preguntaron a su discípulo más cercano si el rumor era cierto, éste
les confirmó que de hecho, el señor arrebataría al maestro Elías ese mismo día, esto es
descrito por el discípulo.

"Apareci un carro de fuego, y caballos de fuego...Y Elias subió al Cielo, en un
Torbellino."

Aún más famoso, y, ciertamente, mejor descrito, fue el carro celeste visto por el profeta
Ezequiel, que vivió entre los deportados judíos de las riberas del río Khabur, en el norte de
Mesopotamia. Lo que Ezequiel cuenta que vio fue un ser de aspecto humano, envuelto en
brillos y resplandor, sentado en un trono que descansaba sobre un firmamento de metal
dentro del carro, el vehículo, que podía moverse en cualquier dirección con sus ruedas
dentro de ruedas y elevarse del suelo verticalmente, fue descrito por el profeta como un
torbellino fulgurante. En algunos estudios recientes sobre esta descripción bíblica, como
el del Ing. Josef F. Blumrich, de la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio de
los Estados Unidos (NASA), se ha llegado a la conclusión de que el carro que vio
Ezequiel era una especie de helicóptero, compuesto de una cabina sobre cuatro ejes, cada
uno equipado con alas rotatorias, es decir el torbellino. Dicho diseño fue patentado por
Blumrich y actualmente se vende en las jugueterías como un helicóptero de radio control,
con cuatro aspas horizontales dentro de círculos, unidas por una cabina en el centro del
vehículo. En la cultura sumeria, las figurillas de arcilla encontradas en lugares habitados
por estos, y que se estima tienen 5000 años de antigüedad, bien podrían ser burdas
representaciones de estos ángeles, en una de estas figurillas, se ve el rostro a través del
casco, en otra el emisario lleva el clásico tocado cónico divino y un uniforme tachonado
de objetos circulares cuya función se desconoce, los protectores oculares o gafas de las
figurillas constituyen un detalle de lo más interesante, porque el oriente del cuarto milenio
A.C. estaba literalmente inundado de figurillas abarquilladas que representaban, de forma
estilizada, la parte superior de las deidades, exagerando su rasgo más prominente, un
casco cónico con visores o gafas elípticas. Se encontraron montones de figurillas como
éstas en Tell Brak, un lugar prehistórico situado a orillas del río Khabur, el río en cuyas
riberas vio Ezequiel el carro de fuego milenios más tarde. Indudablemente, no es una
mera casualidad que los hititas, conectados con Sumer y Acad a través de la zona del
Khabur, adoptaran como señal escrita para designar a los Dioses el símbolo de los
anteojos, tampoco resulta sorprendente que este símbolo o jeroglífico del ser divino,
expresado en estilos artísticos, llegara a dominar no sólo el arte de Asia Menor, sino
también el de los primitivos griegos durante los períodos minoico y micénico.




5.- Sagrada Biblia, Ediciones Paulinas, 2 Reyes 2:1-11

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Los textos sumerios indican que los Dioses se ponían un atuendo especial no sólo para
viajar por los cielos, sino también para ascender a los distantes cielos. Hablando de sus
ocasionales visitas a Anu en su Morada Celestial, la misma Inanna explicaba que podía
llevar a cabo tales viajes porque el mismo Enlil le abroch el divino "Me" alrededor de su
cuerpo. Un primitivo soberano sumerio, que fue invitado por los Dioses para ascender a
los cielos, recibi el nombre de Enmeduranki, que literalmente, significa "soberano cuyo
me conecta Cielo y Tierra". Una inscripci n de Nabucodonosor II, en la que se describe la
reconstrucción de un pabellón especial para el carro celeste de Marduk, afirma que éste
formaba parte de la casa fortificada de los siete "Me" de cielo y tierra. Por lo tanto los
"Me" eran objetos de poder divinos, sin embargo, literalmente, el término proviene del
concepto de "nadar en las aguas celestiales". Inanna los describía como partes de la
vestimenta celestial que ella se ponía para sus viajes en el barco del cielo. En la leyenda
griega de Ícaro, éste intenta volar sujetando con cera unas alas a su cuerpo, las evidencias
del oriente de la antigüedad muestran que, aunque quizás se representase a los Dioses con
alas para indicar sus capacidades voladoras o, quizás a veces, con uniformes alados, se
pretendió decir con ello que tenían capacidad para volar, no que eran aves. Alrededor de
dos milenios antes, cuando el soberano sumerio Gudea conmemoraba la construcción del
templo de su Dios Ninurta, escribió que se le apareció un hombre que brillaba como el
cielo, por el tocado que llevaba en la cabeza, era un Dios. Cuando Ninurta y dos
acompañantes divinos se le aparecieron a Gudea, estaban de pie junto al pájaro negro del
viento divino de Ninurta, al final, resultó que el propósito principal para la construcción
del templo fue el proporcionar una zona de seguridad, un recinto especial dentro de los
terrenos del templo, para este pájaro divino. Gudea relató que, para la construcción de este
recinto, se necesitaron enormes vigas y gigantescas piedras traídas de muy lejos, y la
construcción del templo se dio por terminada sólo después de que el pájaro divino entrara
en el recinto. Una vez allí, el pájaro divino pudo agarrarse al cielo y fue capaz de reunir
cielo y tierra. El objeto era tan sagrado que estaba permanentemente protegido por dos
armas divinas, llamadas el cazador supremo y el asesino supremo, armas que emitían
rayos de luz que daban muerte a quien las desafiara. La similitud entre las descripciones
bíblicas y sumerias, son obvias en cuanto a la descripción de una escalera, un pájaro de
viento y un torbellino que podía elevarse hacia el cielo







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ANÁLISIS GENERAL


En una primera aproximación, el conocimiento sería sólo el conjunto de las facultades
sensoriales, pero ello haría que tal definición no fuera aplicable solamente al hombre, por
ejemplo; Un perro doméstico reconoce, es decir conoce una y otra vez a su amo,
principalmente por medio del olfato, un pájaro conoce en cuál rama de qué árbol está
ubicado su nido, gracias a su agudo sentido de la vista, así mismo, un mosquito conoce
dónde se halla la posible víctima de su picadura gracias a su desarrollado sentido de la
percepción térmica, que le permite localizar en la oscuridad más absoluta a un animal de
sangre caliente, tales formas del conocimiento no son sino expresiones primarias de la
capacidad sensorial. Un hombre primitivo reúne una cantidad de conocimientos que le
ayudan a subsistir en medio de una naturaleza inhóspita y aun hostil, pues los va
relacionando entre sí por medio de la memoria, la asociación de ideas y en cierto grado la
intuición, al punto de llegar a tener lo que podría ser llamado un conocimiento empírico, es
decir adquirido por las experiencias sucesivas y su recuerdo, sumado a los que pudiera
recibir de sus semejantes y particularmente de sus mayores a través del aprendizaje. El
conocimiento alcanza en realidad a tener su verdadero valor filosófico cuando el hombre
adquiere el estado de conciencia de poseerlo y se ubica dentro del mundo que lo rodea y de
los fenómenos naturales que en ese ambiente existen. Cuando llega el momento en que el
hombre tiene conciencia de tales fenómenos naturales, de su repetición, de la relación entre
unos y otros y de que existen ciertas constantes que se reiteran, se halla en los umbrales del
conocimiento sistematizado, o mejor dicho del conocimiento científico. A lo largo de la
historia de la humanidad, el paso del conocimiento empírico al conocimiento científico ha
sido paulatino y prolongado, ha recibido en oportunidades grandes impulsos con los
consiguientes adelantos, debido a la inteligencia de algunos hombres que han marcado hitos
decisivos en el desarrollo de la aprehensión intelectual, relacionando por vez primera lo que
nadie había hecho. Cuando los sumerios escribían sobre tablitas de arcilla la posición de
los planetas y de las estrellas, llegando incluso a predecir ciertos fenómenos celestes, ya
había nacido una ciencia, se puede decir que los griegos, por su parte, son los descubridores
de la ciencia natural, pues eran en realidad aquellos primitivos sabios helénicos, verdaderos
filósofos de la naturaleza, como Tales de Mileto, Anaximandro, Aristóteles, Hipócrates,
Pitágoras, pertenecieron a aquella categoría de hombres que dieron gran impulso al
desarrollo del conocimiento científico. Platón y Aristóteles quizá sean los primeros que
plantean el problema del método científico, para ellos el conocimiento basado en los
conceptos surgidos de la observación de los hechos, reflejaban la realidad. Esta posición
dogmática no es puesta en duda hasta el siglo XVI con Descartes, quien retorna el problema
del método con el fin de llegar a evitar el error, aunque en realidad instaura la duda
metódica. Debieron pasar varios siglos antes de que se comprendiera la necesidad de una
de las bases del conocimiento científico tal como lo entendemos actualmente. El hombre
actual, que no conozca la historia de las Ciencias, se puede sorprender al enterarse de que la
relación entre las gotas de agua, luz y los colores del arco

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Iris responde a un sencillo fenómeno físico, y que tal descubrimiento sólo se logró no hace
más de tres siglos. La ley de gravedad, la circulación de la sangre, la existencia de seres
diminutos invisibles a simple vista, fueron comprendidos oficialmente por el hombre sólo
después del siglo XVIII. En las últimas décadas, en cambio, el conocimiento de las distintas
ramas científicas, cada vez más subdivididas en especialidades, está siendo vertiginoso y ya
es imposible concebir un hombre, que supiese todo lo que en este momento la Humanidad
sabe. Esto no puede separar el problema del conocimiento del otro problema, que es
fundamental y es el de la verdad, puesto que este conocimiento es más importante, pues
un conocimiento falso no es tener conocimiento, sino por el contrario significa vivir en la
mentira y por lo tanto ignorancia de ese conocimiento.
Desde los primero humanos, fabricamos herramientas, algunas especies como los primates
mas avanzados, son capaces de manipular elementos de su entorno, como pueden ser
pequeñas ramas de una árbol, y usarlas como improvisadas herramientas para alguna tarea,
por ejemplo introducirla en un hormigero y esperar a que las hormigas suban a el para
sacarlas y comerselas, esto es en si es algo impresionante, pero no han fabricado una
herramienta sino que han usado algo como tal, lo que es una diferencia de grado.La
humanidad sí fabrica cosas, es capaz de modificar y usar elementos diversos para crear algo
que no existia de forma natural. Fue asi como nuestros antepasado pasaron de ser una presa
a ser un cazador letal gracias a que aprendieron a fabricar, entre muchas otras cosas, armas
como chucillos o lanzas. Solo eso fue suficiente para dar un vuelco dramatico a la situacion
y llevar a una criatura fisicamente debil en comparacion a los depredadores mas dotados a
la cima de la cadena alimenticia, desde ese dia las otras especies no pudieron hacer más que
retroceder. La evolucion humana desde el puento de vista tecnologico, se divide en diversas
eras dependiendo del material del que se disponia para contruir sus utiles, asi la edad de
piedra, correspondio a la epoca donde esta era lo mas avanzado con lo que se podia contruir
cosas, en algun momento del tercer mileno antes de nuestra era se descubrio el cobre y el
estaño, y que la aleacion de ambos creaba el bronze, este permitía construir armas mas
resistentes y duraderas, dando a sus propietarios una gran ventaja. Nacio asi la edad de
bronze, con lo cual barrio las culturas mas atrasadas y llevo a las civilizaciones urbanas a
un nivel mucho mas avanzado, en especial las del Oriente Proximo. Finalmente, alrededor
del 1400 A.C. los Htitias empezaron a usar el hierro para su armamento, lo que les dio una
enorme ventaja ante sus adversarios armados con espadas de bronze, que se rompian ante el
impacto de este sorprendente nuevo elemento, pronto todos lo adoptaron para poder
sobrevivir y restablecer el orden. Nacio la edad del hierro, y con el un pequeño misterio,
¿como lo descubrieron ? El Cobre tiene un punto de fusion lo bastante bajo como para que
un fuego lo suficientemente intenso lo pueda fundir y revelar su existencia, pero el Hierro
es diferente, pues solo lo hace a 1,635 grados centigrados, es dificil, por tanto, que se
pudiera descubrir por casualidad. Solo una exploracion intencionada y metodos especiales
de procesado podian revelarlo, por tanto, ya sabian lo que estaban buscando antes de
descubrirlo ¿ de donde les vino entonces esa informacion y cual fue la guia e inspiracion
que les llevo a el ? La respuesta es el cielo, en este caso literalmente por un mensaje
divino. Podríamos incluso pensar que "del cielo " se refería a que quizá el hierro
provino de los

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Meteoritos, pero con eso no habría una cantidad suficiente de este, pues en plena edad
de bronze ya existían objetos de hierro, y entre ellos tenemos una famosa daga de dicho
manterial encontrada en la tumba de Tutankamon. Las palabras usadas por las diferentes
culturas para definir el hierro no deja lugar a dudas de donde les llego, incluso antes que
que lo descubrieran y aprendieran a extraerlo y procesarlo, los hititas y sumerios lo
denominaban fuego del cielo, los egipcios rayo del cielo y los asirios metal del cielo, como
se puede ver, todos apuntaban hacia arriba cuando se referian al lugar de procedencia. Dios
le decía a Abraham, que salió de Ur de los Caldeos, que mirara a las estrellas, cada vez que
hablaba de las futuras generaciones hebreas. De hecho, el Antiguo Testamento está repleto
de información astronómica, José se comparaba a sí mismo y a sus hermanos con doce
cuerpos celestes, y el patriarca Jacob bendijo a sus doce hijos relacionándolos con las doce
constelaciones del zodiaco. En los Salmos y en el Libro de Job se refieren una y otra vez a
fenómenos celestes, a las constelaciones del zodiaco y a otros grupos de estrellas como las
Pléyades. Así pues, el conocimiento de los astros, la división científica de los cielos y otros
datos astronómicos eran bien conocidos en el antiguo Oriente Próximo bastante antes de la
época de la Grecia clásica. El alcance de la astronomía mesopotámica, en la que se basaron
los primitivos astrónomos griegos, debe haber sido enorme, pues sólo con lo que los
arqueólogos han encontrado, nos veríamos ante una avalancha de textos, inscripciones,
impresiones de sellos, relieves, dibujos, listas de cuerpos celestes, presagios, calendarios,
tablas horarias de amaneceres y puestas del Sol y los planetas, predicciones de eclipses,
incluso precisaban de un conocimiento astronómico amplio y preciso, sin el cual no se
hubieran podido distinguir entre las estrellas fijas y los planetas errantes, sabían que el Sol
y la Luna ni eran estrellas fijas ni planetas ordinarios, estaban familiarizados con los
cometas, los meteoritos y otros fenómenos celestes, y podían calcular las relaciones entre
los movimientos del Sol, la Luna y la Tierra. Seguían los movimientos de los cuerpos
celestes y los relacionaban con la órbita de la Tierra y con la rotación a través del sistema
helíaco, que aún se utiliza hoy pues mide la salida, la puesta de las estrellas y los planetas
en los cielos de la Tierra con relación al Sol. Muchos de estos textos eran, ciertamente,
más astrológicos que astronómicos por naturaleza, los cielos y los movimientos de los
cuerpos celestes parecían ser la principal preocupación de los poderosos reyes, de los
sacerdotes de los templos y de la gente de la tierra en general, el objetivo de los
observadores de estrellas parecía ser el de encontrar en los cielos la respuesta al curso de
los asuntos en la tierra como eran la guerra, paz, abundancia, hambruna. El
descubrimiento de las civilizaciones mesopotámicas, realizado con las excavaciones
efectuadas en los últimos cien años, no deja lugar a dudas de que, tanto en el campo de la
astronomía como en otros muchos campos, las raíces de nuestro conocimiento están
profundamente arraigadas en Mesopotamia, hemos recurrido y continuamos el patrimonio
de Sumer. Las efemérides divinas, eran de lo más precisas y no se basaban en las
observaciones de los astrónomos sumerios que las prepararon, puesto que éstos las habían
calculado a partir de unos esquemas aritméticos fijos, que habían sido entregados por los
Dioses y que no debían trastocar, los astrónomos que utilizaban estos cálculos de los
esquemas aritméticos, las realizaban con la ayuda de unos textos de

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Procedimiento, que acompañaban a las efemérides y que daban las normas, paso a paso,
para el cálculo de las efemérides, según una estricta teoría matemática, pues era mortal
ofender a un Dios. En realidad los astrónomos sumerios ignoraban las teorías y
fundamentos sobre las que se basaban las efemérides y sus cálculos matemáticos, sin
embargo deben haber existido, porque es imposible diseñar unos esquemas de cálculo tan
complicados sin un plan sumamente elaborado. Los astrónomos mesopotámicos estaban
familiarizados incluso con el fenómeno de la retrogradación, que es el aparente curso
errático y serpentino de los planetas tal como se ven desde la Tierra, causado por el hecho
de que la Tierra órbita al Sol con mayor rapidez o lentitud en relación con los otros
planetas. La trascendencia de este conocimiento radica no sólo en el hecho de que la
retrogradación es un fenómeno relacionado con las órbitas alrededor del Sol, sino también
en el hecho de que se debió requerir de cientos de miles de años de observación para
dominarla y trazarla. ¿Dónde se desarrollaron estas complicadas teorías, y quién hizo esas
observaciones sin las cuales jamás se habrían podido desarrollar? Alguien, mucho antes,
poseía un conocimiento astronómico y matemático muy superior al de las posteriores
culturas de Babilonia, Asiría, Egipto, Grecia y Roma. Los sumerios consagraron una parte
sustancial de sus esfuerzos astronómicos a mantener un calendario preciso. Al igual que el
calendario judío actual, el suyo era un calendario solar y lunar en el que se vinculaba, o
mejor dicho se intercalaba el año solar de poco más de 365 días con un mes lunar de poco
menos de 30 días. Aunque el calendario era importante para los negocios y otras
necesidades mundanas, se requería que fuera preciso, principalmente, para determinar el
día y el momento exactos del año nuevo y de otras celebraciones y cultos a los Dioses,
para medir y vincular los intrincados movimientos del Sol, la Tierra, la Luna y demás
planetas, los sacerdotes astrónomos mesopotámicos se basaban en una compleja
astronomía esférica. La Tierra ya se entendía como una esfera con un ecuador y unos
polos, también los cielos se dividían con unas imaginarias líneas ecuatoriales y polares. El
paso de los cuerpos celestes se relacionaba con la eclíptica, que es la proyección del plano
de la órbita de la Tierra alrededor del Sol sobre la esfera celeste. Los equinoccios, es decir
los puntos y los momentos en los cuales el Sol, en su movimiento anual aparente, cruza al
norte y al sur del ecuador celeste y los solsticios que es el momento en que el Sol, durante
su movimiento anual aparente a lo largo de la eclíptica, se encuentra en su mayor
declinación norte o sur. Todos estos conceptos astronómicos son perfectamente correctos
y se utilizan hasta el día de hoy. El principal calendario y modelo era el calendario de
Nippur, sede y centro del Dios Enlil, el calendario que usamos en la actualidad tiene
como modelo el calendario nippuriano, aunque es más inexacto, porque los sumerios
consideraban que el Año Nuevo comenzaba en el momento exacto en que el Sol cruzaba
el equinoccio de primavera, para el calendario de Nippur se seleccionaba determinado
cuerpo celeste que, al oponerlo con el ocaso, permitía determinar el momento exacto de la
llegada del año nuevo. Los sumerios, sin instrumental óptico, tenían, no obstante el
sofisticado saber astronómico y matemático que requieren una geometría y una
astronomía esféricas, tenían el término "Dub", o "la gran circunferencia." Para sus
cálculos astronómicos y matemáticos, tenían el "Anur", que era un horizonte celeste
imaginario contra el cual podían calcular el orto y el ocaso de los cuerpos celestes.

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En perpendicular a este horizonte "Anur", extendieron una línea vertical imaginaria
llamad "Nubusarda", y con su ayuda obtenían el zénit, al que llamaban Anpa. Trazaron
las líneas a las que llamamos meridianos, las llamaban los yugos graduados y a las líneas
de latitud les llamaban líneas medias del cielo. A la línea de latitud que marca el solsticio
de verano, por ejemplo, la llamaban Anbil o punto ígneo de los cielos. Las obras maestras
literarias acadias, hurritas, hititas y de otras culturas del antiguo oriente, por ser
traducciones o versiones de originales sumerios, estaban repletas de palabras prestadas del
sumerio, muchas de las cuales tenían relación con fenómenos y cuerpos celestes. Los
eruditos babilonios y asirios que hacían listas de estrellas o calculaban los movimientos
planetarios solían anotar los originales sumerios en las tablillas que estaban copiando o
traduciendo. Los 25,000 textos dedicados a la astronomía que se dice que había en la
biblioteca de Assurbanipal en Nínive llevaban con frecuencia el reconocimiento de sus
orígenes sumerios. Los escribas de la principal serie astronómica, que los babilonios
llamaban "el día del se or", declaraban haberla copiado de una tablilla sumeria escrita en
la época de Sargón de Acad, en el tercer milenio A.C. Una tablilla fechada en la tercera
dinastía de Ur, también en el tercer milenio A.C, describe y hace una relación tan clara de
los cuerpos celestes, que los expertos modernos tienen pocas dificultades en reconocer el
texto como una clasificación de constelaciones, entre las que están la Osa mayor, el
Dragón, Lira, Cisne y Cefeo, y el Triángulo, en los cielos septentrionales, Orion, Perro
mayor, Hidra, el Cuervo y el Centauro en los cielos meridionales y las familiares
constelaciones zodiacales en la banda celeste central. En la antigua Mesopotamia, los
secretos del conocimiento celeste se guardaban, se estudiaban y transmitían a través de
una casta de sacerdotes astrónomos. Los sumerios fueron también los primeros en dividir
los cielos en tres bandas o caminos, el camino septentrional, al que se le puso el nombre
de Enlil, el meridional, al que se le puso el nombre de Ea y la banda central, que fue el
camino de Anu, además de asignarles diversas constelaciones. La banda central de hoy en
día, la banda de las doce constelaciones del zodiaco, se corresponde exactamente con el
camino de Anu, en el cual los súmenos agruparon las estrellas en doce casas. En la
antigüedad, al igual que hoy, el fenómeno estaba relacionado con el concepto del zodiaco.
El gran círculo de la tierra alrededor del sol se dividió en doce partes iguales, de treinta
grados cada una. Las estrellas que se veían en cada uno de estos segmentos o casas se
agruparon en una constelación, cada una de las cuales recibió un nombre en función de la
forma que las estrellas del grupo parecían crear. Debido a que las constelaciones y sus
subdivisiones, e, incluso, las estrellas individuales dentro de las constelaciones, llegaron a
la civilización occidental con nombres y representaciones completamente prestados de la
mitología griega, el mundo occidental creyó durante casi dos milenios que habían sido los
griegos los que habían conseguido este logro. Pero, en la actualidad, vemos claramente
que los primitivos astrónomos griegos adaptaron a su lengua y a su mitología una
astronomía ya construida por los sumerios. De esta forma obtuvieron sus conocimientos
Hiparco, Eudoxo y otros. Incluso Tales, el astrónomo griego de importancia más antiguo,
del cual se dice que predijo el eclipse total


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De sol del 28 de Mayo de 585 A.C. que detuvo la guerra entre lidios y medas, admitió que
las fuentes de su conocimiento eran de origen mesopotámico pre-semita, es decir,
sumerio. La palabra zodiaco proviene del griego zodiakos kyklos o círculo animal, debido
a que el diseño de los grupos de estrellas se asemejaba por su forma a un león, unos peces,
etc. Pero esos nombres y formas imaginarias se originaron realmente, en Sumer, donde a
las doce constelaciones del zodiaco se les llamó Ulue o rebaño brillante. Hasta la
aparición del telescopio, los astrónomos europeos aceptaban sólo las 19 constelaciones
reconocidas por Ptolomeo en el hemisferio norte. Hacia 1925, cuando se acordó la
clasificación actual, se habían reconocido 28 constelaciones en lo que los sumerios
llamaban el Camino de Enlil. No debería de sorprendernos que a diferencia de Ptolomeo,
los primitivos sumerios reconocían, identificaban, nombraban y listaban todas las
constelaciones del hemisferio norte. Observando los cielos meridionales desde Ur o
Babilonia, los astrónomos mesopotámicos sólo podían ver poco más de la mitad de los
cielos del hemisferio sur, el resto se encontraba por debajo del horizonte. Sin embargo,
aunque correctamente identificadas, algunas de las constelaciones del camino de Ea
estaban por debajo del horizonte, si como suponían los mesopotámicos que la tierra era
una masa de tierra firme sobre la caótica oscuridad de un mundo inferior, es decir un
disco plano sobre el cual se arqueaban los cielos en semicírculo, entonces no debería de
haber absolutamente ningún cielo en el sur, por tanto la idea de que los mesopotámicos
creían en una tierra plana, no es posible ya que sus conocimientos astronómicos eran tan
buenos o quizá mejores que los nuestros, no porque tuvieran mejores instrumentos de los
que tenemos nosotros, sino porque sus fuentes de información provenían de sus Dioses.
Existe un fenómeno astronómico llamado precesión, que viene provocado por el bamboleo
del eje norte sur de la Tierra, y que lleva a que el polo norte o el que apunta a la estrella
polar y el polo sur tracen un gran círculo en los cielos. El aparente retardo de la Tierra
contra las constelaciones de estrellas suma alrededor de 55 segundos de arco por año, o un
grado cada 72 años, el tiempo que le lleva al Polo Norte terrestre volver a apuntar a la
estrella polar, emplea, por tanto 25,920 años, y esto es lo que los astrónomos llaman el
gran año o el año platónico, pues según parece, Platón también sabía de este fenómeno. El
orto y el ocaso de diversas estrellas se tenían por importante en la antigüedad, y el cálculo
preciso del equinoccio de primavera, que daba entrada al año nuevo, se relacionaba con la
casa zodiacal en la cual tenía lugar. Debido a la precesión, el equinoccio de primavera y
los demás fenómenos celestes, al retardarse de año en año, terminaban por retrasarse todo
un signo zodiacal cada 2.160 años. Nuestros astrónomos continúan empleando el "punto
cero o primer punto de Aries", que marcó el equinoccio de primavera alrededor del año
900 A.C, pero este punto se encuentra ahora bien entrado en la casa de Piscis. En los
alrededores del 2100 D.C, el equinoccio de primavera comenzará a ocupar la casa
precedente, la de Acuario, esto es lo que están queriendo decir los que afirman que
estamos a punto de entrar en la Era de Acuario. Debido a que el cambio de una casa
zodiacal a otra lleva más de dos milenios, ¿cómo y dónde pudo enterarse Hiparco del tema
de la precesión en el siglo II A.C? Ahora sabemos que su fuente fue sumeria, pues el
calendario nippuriano, establecido alrededor del 4400 A.C, en


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La Era de Tauro, refleja el conocimiento de la precesión y el cambio de casas zodiacales,
que tuvo lugar 2,160 años antes de éste. Los sumerios dejaron abundantes evidencias
gráficas a tal efecto, pues cuando el equinoccio de primavera estaba en el signo de Tauro,
el solsticio de verano tenía lugar en Leo, el combate entre un toro y un león que aparece en
las representaciones sumerias de las épocas más primitivas, sugiere que estos motivos
reflejaban las posiciones claves de las constelaciones de Tauro (Toro) y Leo (León) para un
observador en los 30 grados norte, es decir la posición de Ur alrededor del 4000 A.C. La
mayoría de los expertos consideran que la insistencia de los sumerios en Tauro como su
primera constelación no sólo es una evidencia de la antigüedad del zodiaco fechado en los
alrededores del 4000 A.C. Sino también una prueba del momento en que la civilización
sumeria tuvo sus repentinos comienzos. Una tablilla sumeria que hay en el Museo de
Berlín (VAT.7847) comienza la lista de constelaciones zodiacales con la de Leo, con lo
que nos remonta a los alrededores del 11.000 A.C, cuando el hombre recién comenzaba a
labrar la tierra, lo cual es una sofisticación astronómica fantástica imposible para esa
época. Del mismo modo que es evidente que los astrónomos sumerios poseían un
conocimiento que, muy difícilmente podían haber adquirido por sí mismos, también las
evidencias demuestran que la mayor parte de su conocimiento no eran de uso práctico para
ellos, esto no sólo tiene que ver con los sofisticadísimos métodos astronómicos que se
utilizaban pues ¿quién demonios en la antigua Sumer necesitaba realmente establecer un
ecuador celeste?, ¿ para que eran necesarios textos elaborados que tratan de la medida de
distancias entre las estrellas, si nadie podía viajar por el espacio?. Uno de estos textos,
conocido como AO.6478, hace una lista de 26 estrellas visibles importantes a lo largo de
una línea que, en la actualidad, llamamos el Trópico de Cáncer, y da las distancias entre
ellas, medidas de tres formas diferentes. El texto nos da primero las distancias entre estas
estrellas en una unidad llamada "mana shukultu", que se cree que éste era un ingenioso
dispositivo que establecía una relación entre el peso del agua que escapaba por paso de
tiempo, lo cual es un diferencial de tiempo, que demuestra el conocimiento matemático de
cálculo infinitesimal, (es decir de de las derivadas e integrales), esto hacía posible la
determinación de distancias entre dos estrellas en términos de tiempo.

Hoy en día estamos acostumbrados a la facilidad de los números indios mal
llamados números árabes. Sin embargo, este tipo de números, tan útiles y versátiles,
nos acompañan desde hace relativamente escaso tiempo. No obstante, los números
existen desde hace casi 10 mil años utilizados por vez primera en sumeria. He aquí
una colección de distintos tipos de números y su utilización. Primero debemos
considerar algo extremadamente importante ¿por qué utilizamos un sistema decimal
para contar? Ciertamente los números en base 10 no tienen la funcionalidad del
sistema binario que utilizan los chips, o la versatilidad del sistema hexadecimal. Sin
embargo, y a pesar todos los avances tecnológicos, este sistema continúa aferrado y
no presenta signos de querer irse. La cuestión es simple, en el pasado remoto,
cuando los números no eran entes abstractos, sino que representaban objetos, como
por ejemplo personas o animales, las manos eran los ábacos y calculadoras de la
humanidad. Por lo que, al poseer diez dedos, el sistema decimal se impuso como
sistema de facto y es así que se remonta miles de años en el pasado. Curiosamente

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Este sistema lo heredamos de los griegos, quienes a su vez lo heredaron de los
egipcios. Anteriormente a estos, los sumerios, cuya matemática era mucho más
avanzada y ajena a las supersticiones de la egipcia, desarrollaron un curioso sistema
sexagesimal el cual sería el primer sistema numeral cohesivo de la humanidad.
Como mencionamos anteriormente en el pasado los números no eran un concepto
abstracto sino que representaban cosas. En sumeria, en un principio, existían
infinidades de notaciones para un mismo número dependiendo de la cosa que se
esté contando. Por ejemplo una moneda de oro era representada por un símbolo en
particular, mientras que una pieza de ganado era representada con otro símbolo
especifico. Tampoco existían los números sucesores al uno, por ejemplo, el "dos"
era representado utilizando dos símbolos "uno" a la par. Con el pasar de los años, el
comercio y el crecimiento de la población, hizo que evolucionara la manera de
contar y los números gradualmente comenzaron a representar cantidades y no
objetos individuales. De todas maneras fue gracias al desarrollo de un sistema
sexagesimal de numeración, el que se lograra contar cantidades en miles, algo
imposible de hacer contando de a uno en uno. Curiosamente los sumerios no tenían
un sistema numeral unificado, sino que utilizaban distintos tipos para distintas
tareas. Por ejemplo, para medir las raciones, un sistema bisexagecimal que permitía
conteos discretos de 7200 unidades era utilizado. Esto trajo, y todavía trae, serios
problemas de entendimiento a los antropólogos que tratan de estudiar sus escritos.
Mediante la combinación de números sexagesimales y la aritmética, permitía
representar cantidades increíblemente grandes para la época. Seguro muchos
pensarán que el sistema sexagesimal sumerio ha muerto junto a su civilización, sin
embargo, aun quedan remanentes ampliamente utilizados en el mundo moderno,
por ejemplo la manera en la que medimos los grados y por ende el tiempo fueron
heredadas de éstos. Si se fijan en un reloj las horas se incrementan en un punto cada
60 minutos; y los minutos se incrementan en un punto cada 60 segundos. Tal cual
como se incrementaban las cantidades sexagesimales sumerias. Sus números eran
conos y círculos ya que el cono y el círculo son las formas más fáciles de
representar por presión en una tableta de arcilla como las que los sumerios
utilizaban para llevar sus registros."


Disponer de métodos de medida de distancias entre estrellas indica la gran importancia
que se le daba al tema. Sin embargo, ¿quién entre los hombres y las mujeres de Sumer
necesitaba realmente todo este conocimiento? Y ¿quién de ellos pudo diseñar estos
métodos y utilizarlos de forma tan precisa, cuando no se había descubierto ni siquiera el
álgebra y el telescopio? La única respuesta posible es que los Dioses disponían de ese
conocimiento y precisaban de tan exactas medidas, para alguna función.



6.- Crawford, Harriet, Sumer and the Sumerians. Cambridge University Press, Cambridge,
1991. Pág. 43.

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Los sumerios cuentan que sus Dioses eran capaces de subir al cielo y habían llegado de las
estrellas a la Tierra, los Dioses eran los únicos que podían poseer y de hecho, poseían, en
los albores de la civilización humana, los sofisticados métodos, las matemáticas y los
conceptos de una astronomía avanzada, así como la necesidad de enseñar a los escribas
humanos a copiar y registrar meticulosamente tablas y más tablas de distancias en los
cielos, órdenes de estrellas y grupos de estrellas, ortos y ocasos helíacos, un complejo
calendario solar lunar terrestre y el resto de conocimientos notables tanto del cielo como
de la tierra. Ante este panorama, los astrónomos mesopotámicos, dirigidos por los Dioses,
sabían de la existencia de planetas más allá Saturno, conocían la existencia de Urano,
Neptuno y Plutón, La información astronómica de los tiempos antiguos se conservaba en
centenares de textos detallados, de listas de cuerpos celestes, pulcramente dispuestas
según el orden celeste, o según los Dioses. Es incorrecta la suposición de que los
sumerios y sus sucesores no sabían que el sistema solar era heliocéntrico, que la Tierra no
era más que otro planeta y que no había más planetas más allá de Saturno. Los sumerios se
referían a todos los cuerpos celestes planetas, estrellas y constelaciones como Mul o lo
que brilla en las alturas. El término acadio Kakkab fue aplicado también por babilonios y
asirios para designar a cualquier cuerpo celeste, en su mayor parte los planetas de los que
se hablaba en el entramado de los textos astronómicos sumerios llamaban Mulmul. El
término Mulmul se refería al sistema solar, utilizando la repetición Mulmul, para indicar
al grupo como una totalidad, como el cuerpo celeste que comprende todos los cuerpos
celestes, junto con el camino de Anu y sus doce constelaciones zodiacales, algunos textos
se referían también al camino del Sol, que estaba compuesto también por doce cuerpos
celestes, el Sol, la Luna, y diez más.

"La línea 20 de la llamada tablilla Te dice; Naphar shere mesh ha la sha kakkab lu
sha Sin u Shamash ina libbi ittiqu, que significa, todo en todo, 12 miembros adonde
la Luna y el Sol pertenecen, donde orbitan los planetas."

Esto nos da a comprender la importancia del número doce en el mundo antiguo. El gran
círculo de Dioses sumerios y por tanto, de los Dioses olímpicos, estaba compuesto
exactamente por doce miembros, los Dioses más jóvenes sólo podían entrar en este círculo
si se retiraban los dioses más viejos. Del mismo modo, cualquier puesto libre se tenía que
ocupar para mantener el número divino de doce. El principal círculo celeste, el camino del
Sol con sus doce miembros, establecía el modelo según el cual cualquier otra franja
celeste se dividía en doce segmentos o se le asignaban doce cuerpos celestes de
importancia. Por consiguiente, el año tenía doce meses y el día tenía doce horas dobles. A
cada división de Sumer se le asignaban doce cuerpos celestes como medida de buena
suerte. El gran templo, el Esagila, tenía doce puertas. Marduk se revestía de los poderes de
todos los Dioses celestes al recitarse doce veces la declaraci n "Mi Se or, es Él mi
Se or". Después, se invocaba la misericordia del Dios y su esposa, doce veces por cada
uno.

7.- Zecharia, Sitchin, Al principio de los tiempos, obelisco, 1990.Pág.38.


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El total de 24 se emparejaba entonces con las doce constelaciones del zodiaco y los doce
miembros del sistema solar. Aunque nuestra base de cálculo natural es el número diez, el
número doce se impregnó en todos los temas celestes y divinos mucho antes de que los
sumerios desaparecieran. Hubo doce Titanes griegos, doce Tribus de Israel, doce partes en
el mágico pectoral del Sumo Sacerdote de Israel. El poder de este doce celeste se
transmitió a los doce Apóstoles de Jesús. Surgió, este poderoso y decisivo número doce,
de mirar al cielo, pues al enseñarle a la humanidad la verdadera naturaleza de la tierra y los
cielos, los Dioses no sólo informaron a los antiguos sacerdotes astrónomos de la existencia
de los planetas más allá de Saturno, sino también de la existencia del planeta más
importante, aquel del cual vinieron.

Un sello acadio del tercer milenio A.C, ahora en el museo de Berlín Este
(catalogado VA/ 243), se aparta de la forma habitual de representar los cuerpos
celestes. No los muestra individualmente, sino como un grupo de once globos que
circundan a una estrella grande y con rayos. Evidentemente, es una representación
del sistema solar, tal como lo conocían los súmenos, un sistema consistente en doce
cuerpos celestes. Normalmente, nosotros representamos el sistema solar de forma
esquemática, como una línea de planetas que se aleja del Sol a distancias crecientes.
Pero si representáramos los planetas, no en una línea, sino uno después de otro en
un círculo, el resultado se parecería al del sello. La antigua representación nos
muestra un planeta desconocido para nosotros, considerablemente más grande que
la Tierra, aunque más pequeño que Júpiter y Saturno. Tratando a la Luna como a un
cuerpo celeste más, esta representación sumeria da cuenta plena de todos los
planetas que conocemos, los sitúa en el orden correcto (con la excepción de Plutón),
y los muestra por tamaño. Sin embargo, esta representación de 4500 años de edad
insiste también en que había o ha habido otro planeta importante entre Marte y
Júpiter.

Si esto se hubiera descubierto y estudiado hace dos siglos, los astrónomos habrían pensado
que los sumerios estaban totalmente desinformados, al imaginar, que había más planetas
después de Saturno. Ahora, no obstante, sabemos que Urano, Neptuno y Plutón están ahí.
Los sumerios no imaginaron las otras discrepancias, estaban correctamente informados por
los Dioses de que la Luna era un miembro del sistema solar, Plutón estaba situado cerca de
Saturno y había un doceavo planeta entre Marte y Júpiter. La teoría largo tiempo sustentada
de que la luna no era más que una pelota de golf helada no se descartó hasta después de la
conclusión de varias misiones Apolo a la luna, hasta aquel momento, las mejores
conjeturas consistían en que la luna era un trozo de materia que se había separado de la
tierra cuando ésta era aún de material fundido y maleable. Si no hubiera sido por el impacto
de millones de meteoritos, que dejaron cráteres en la superficie de la Luna, ésta habría sido
un trozo de materia sin rostro, sin vida y sin historia que se solidificó y sigue a la Tierra
desde siempre. Sin embargo, las observaciones hechas por satélites no tripulados han
comenzado a poner en duda estas creencias tanto tiempos manejadas.


8.- Crawford, Harriet, Sumer and the Sumerians. Cambridge University Press, Cambridge,
1991. Pág. 57.


22
 



Al final, se llegó a la conclusión de que la composición química y mineral de la Luna era
suficientemente diferente de la de la Tierra como para poner en duda la teoría de la
separación. Los experimentos realizados en la Luna por los astronautas norteamericanos, y
el estudio y análisis del suelo y de las muestras de rocas que trajeron, han determinado,
más allá de toda duda, que la Luna, aunque en la actualidad estéril, fue alguna vez un
planeta vivo. Al igual que la Tierra, tiene diferentes capas, lo que significa que se solidificó
desde su propio estadio original de materia fundida. Al igual, que la Tierra, generaba calor,
pero mientras que el calor de la Tierra proviene de sus materiales radiactivos, cocidos en el
interior de la Tierra bajo una tremenda presión, el calor de la Luna proviene, según parece,
de capas de materiales radiactivos que se encuentran muy cerca de la superficie. Sin
embargo, estos materiales son demasiado pesados para haber ascendido hasta ahí. El
campo gravitatorio lunar parece ser errático, como si inmensos trozos de materias pesadas,
como el hierro no se hubieran hundido de modo uniforme hasta su centro, sino que
estuvieran dispersos. Existen evidencias que indicarían que las antiguas rocas de la Luna
estuvieron magnetizadas. También existen evidencias de que los campos magnéticos se
cambiaron o invirtieron. Reuniendo todos estos descubrimientos, los científicos afirman
ahora que la Luna y la Tierra, formadas más o menos con los mismos elementos y más o
menos por el mismo tiempo, evolucionaron como cuerpos celestes separados. En opinión
de los científicos de la NASA, la Luna evolucionó normalmente durante sus primeros 500
millones de años. Luego, hace 4.000 millones de años, cuando cuerpos celestes del tamaño
de grandes ciudades y pequeños países se estrellaron en la Luna y formaron sus inmensas
cuencas y sus altísimas montañas. Las ingentes cantidades de materiales radiactivos
dejados por las colisiones comenzaron a calentar la roca por debajo de la superficie,
fundiendo enormes cantidades de ésta y forzando mares de lava a través de las grietas de la
superficie. El Apolo 15 encontró un deslizamiento de rocas en el cráter Tsiolovsky seis
veces más grande que cualquier deslizamiento de rocas en la Tierra. El Apolo 16 descubrió
que la colisión que creó el Mar de Néctar depositó escombros hasta a 1.600 kilómetros de
distancia. El Apolo 17 alunizó cerca de un acantilado ocho veces más alto que cualquiera
de la Tierra, lo que significa que se formó por un terremoto ocho veces más violento que
cualquier otro terremoto en la historia de la Tierra. Así pues, los sumerios tenían razón al
representar a la Luna como un cuerpo celeste por derecho propio. Al planeta Plutón se le ha
denominado el enigma, porque mientras que las órbitas de los demás planetas alrededor del
Sol se desvían sólo un poco del círculo perfecto, la desviación o excentricidad de Plutón es
tal que tiene la órbita más extensa y elíptica del sistema solar. Mientras que los demás
planetas orbitan al Sol más o menos dentro del mismo plano, la órbita de Plutón tiene una
inclinación nada menos que de 17 grados. Debido a estos dos rasgos atípicos de su órbita,
Plutón es el único planeta que corta la órbita de otro planeta, Neptuno. En tamaño, Plutón
se encuentra en realidad dentro de la clase satélite. Su diámetro, 5.800 kilómetros, no es
mucho mayor que el de Tritón, un satélite de Neptuno, o Titán, uno de los diez satélites de
Saturno. Debido a sus inhabitúales características, se ha llegado a sugerir que este podría
haber comenzado su vida celeste como un satélite que, de algún modo, escapó a su dueño y
tomó por sí mismo una órbita alrededor del Sol y esto, es realmente lo que sucedió, según
los textos sumerios. Por asombroso que parezca,


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Nuestros astrónomos han estado buscando evidencias que indiquen que, ciertamente,
existió una vez un planeta entre Marte y Júpiter. A finales del siglo XVIII, antes incluso
del descubrimiento de Neptuno, varios astrónomos demostraron que los planetas estaban
situados a determinadas distancias del Sol, según una ley definida. Este planteamiento,
que llegó a ser conocido como Ley de Bode, convenció a los astrónomos de que debió de
haber un planeta dando vueltas en un lugar donde, hasta entonces, no se sabía que hubiera
existido un planeta es decir, entre las órbitas de Marte y Júpiter. Animados por estos
cálculos matemáticos, los astrónomos se pusieron a explorar los cielos en la zona en la que
debería de estar el planeta perdido. En el siglo XIX, el astrónomo italiano Giuseppe
Piazzi descubrió, exactamente en la distancia indicada, un planeta muy pequeño, al que
llamó Ceres. Hacia 1804, el número de asteroides pequeños encontrados allí ascendía a
cuatro, hasta la fecha, se han contado cerca de 3,000 asteroides en órbita alrededor del Sol,
en lo que ahora llamamos el cinturón de asteroides. Aunque los astrónomos están seguros
de la existencia de tal planeta, no son capaces de explicar su desaparición. Las respuestas
a estos misterios se nos han transmitido desde la antigüedad, pues cuando se descifraron
los textos encontrados en Mesopotamia, se tomó conciencia inesperadamente de que allí,
en Mesopotamia, había textos que no sólo eran equiparables a algunas secciones de las
Sagradas Escrituras, sino que también las precedían, entre los textos descubiertos por
Henry Layard en las ruinas de la biblioteca de Assurbanipal en Nínive, había uno que
hacía un relato de la Creación no muy diferente del Libro del Génesis. Conocido ahora
como La Epopeya de la Creación, este texto mesopotámico es una verdadera cosmogonía,
pues trata de los eventos previos y nos lleva hasta el comienzo de los tiempos, al tomarse
literalmente este relato épico, ni más ni menos que como la declaración de hechos
cosmológicos tal como los conocían los sumerios, o mejor dicho tal como se los habían
transmitido los Dioses. Nos encontraremos con que La Epopeya de la Creación explica a
la perfección los eventos que, probablemente, tuvieron lugar en nuestro sistema solar.

"Cuando, en las alturas, el Cielo no había recibido nombre, y abajo, el suelo firme
no había sido llamado, nada, salvo el primordial Apsu, su Engendrador,
Mummu y Tiamat la que les dio a luz a todos, sus aguas se entremezclaron.
Ninguna caña se había formado aún, ni tierra pantanosa había aparecido. Ninguno
de los dioses había sido traído al ser aún, nadie llevaba un nombre, sus destinos
eran inciertos, fue entonces cuando se formaron los dioses en medio de ellos. En la
inmensidad del espacio, los dioses los planetas estaban aún por aparecer, por ser
nombrados, por tener sus destinos sus órbitas fijados. Sólo existían tres cuerpos, el
primordial Apsu el que existe desde el principio, Mummu el que nació y Tiamat la
doncella de la vida. Las aguas de Apsu y Tiamat se mezclaron, no las aguas en las
que crecen las cañas, sino las aguas primordiales, Apsu, por tanto, es el Sol, el que
existe desde el principio. El más cercano a él es Mummu, que era el ayudante de
confianza y emisario de Apsu (una buena descripción de Mercurio, el pequeño
planeta que gira con rapidez alrededor de su gigante señor. De hecho, ésta era la
idea que los antiguos griegos y romanos tenían del dios planeta Mercurio el rápido
mensajero de los dioses), Bastante más lejos estaba Tiamat. Ella era el monstruo

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Que Marduk despedazaría más tarde, Pero en los tiempos primordiales fue la
verdadera virgen madre de la primera trinidad divina. El espacio entre ella y Apsu
no estaba vacío, estaba henchido con los elementos primordiales de Apsu y Tiamat.
Estas aguas se entremezclaron, y se formaron dos dioses celestes en el espacio
entre Apsu y Tiamat. Sus aguas se entremezclaron. Los dioses se formaron en
medio de ellos, el dios Lahmu y el dios Lahamu nacieron,
por su nombre se les llamó. Lahmu y Lahamu (Marte y Venus) nacieron pero,
incluso antes de que hubieran crecido en edad y en estatura hasta el tamaño
señalado,
el
dios
Anshar
y
el
dios
Kishar
fueron
formados,
sobrepasándoles en tamaño. Cuando se alargaron los días y se multiplicaron los
años, el dios Anu se convirtió el hijo de sus antepasados en un rival.
Entonces, el primogénito de Anshar, Anu, como su igual y a su imagen engendró a
Nudimmud. Después, pasó algún tiempo se multiplicaron los años, y nació un
tercer par de planetas. Primero llegó Anu, más pequeño que Anshar y Kishar, pero
mayor que los primeros planetas de sus antepasados un rival en tamaño. Después,
Anu engendró, a su vez, a un planeta gemelo, su igual y a su imagen. Los hermanos
divinos se agruparon, perturbaban a Tiamat con sus avances y retiradas.
Alteraban el vientre de Tiamat, con sus cabriolas en las moradas del cielo. Apsu no
podía rebajar el clamor de ellos, Tiamat había enmudecido con sus maneras. Sus
actos eran detestables. Molestas eran sus maneras. Los nuevos planetas avanzaban
y se retiraban, se acercaban demasiado entre ellos interferían con la órbita de
Tiamat, se acercaban demasiado a su vientre, sus maneras eran molestas. Aunque
era Tiamat la que estaba en mayor peligro, Apsu también encontró detestables las
maneras de los planetas, y anunció su intención de destruir, destrozar sus maneras.
Se reunió con Mummu y consultó con él en secreto. Pero los dioses oyeron por
casualidad todo lo que habían tramado entre ellos, y el complot para destruirles les
hizo enmudecer. El único que no perdió su ingenio fue Ea. Pensó en una
estratagema para verter el sueño en Apsu. A los otros dioses celestes les gustó el
plan, y Ea dibujo un mapa preciso del universo, lanzando un hechizo divino sobre
las aguas primordiales del sistema solar. Verter el sueño un efecto calmante en
Apsu (el Sol). Incluso, Mummu, el Consejero, fue incapaz de moverse. Ea se
movió con rapidez para quitarle a Apsu su papel creador. Apagando, según parece,
las ingentes emisiones de materia primordial del Sol, Ea/Neptuno le arrancó la tiara
a Apsu y le quitó el manto de su halo. Apsu fue vencido. Mummu ya no pudo
deambular. Fue atado y abandonado, un planeta sin vida al lado de su señor. A
partir de entonces, este epíteto se le aplicó a la Morada de Ea. Cualquier planeta
adicional podría venir solamente a través del nuevo Apsu desde lo Profundo desde
los lejanos reinos del espacio que vislumbraba el más lejano de los planetas. En la
Cámara de los Hados, el lugar de los Destinos, un dios fue engendrado, el más
capaz y sabio de los dioses, en el corazón de lo Profundo fue Marduk creado.
Un nuevo Dios celeste, un nuevo planeta se une ahora al reparto. Se formó en lo
Profundo, lejos, en el espacio, en una zona donde se le había conferido movimiento
orbital, un destino de planeta. Fue atraído hasta el sistema solar por el planeta más
lejano. El que lo engendró fue Ea (Neptuno). El nuevo planeta era digno de
contemplar. Su silueta era encantadora, brillante el gesto de sus ojos
nobles eran sus andares, dominantes como los de antaño. Grandemente se le exaltó
por encima de los dioses, rebasándolo todo. Era el más noble de los dioses, el más
alto, sus miembros eran enormes, era excesivamente alto. Surgiendo desde el

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Espacio exterior, Marduk era aún un planeta recién nacido, que escupía fuego y
emitía radiaciones. Cuando movía los labios, estallaba el fuego. A medida que
Marduk se acercaba a los demás planetas, éstos lanzaban sobre él sus
impresionantes relámpagos, y él brillaba con f